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viernes, 8 de agosto de 2014

Historia de la Semana Santa: Las cofradías sevillanas en el siglo XVI



"... declara que se deben tener y conservar, principalmente en los templos, las imágenes de Cristo, de la Virgen madre de Dios, y de otros santos, y que se les debe dar el correspondiente honor y veneración: no porque se crea que hay en ellas divinidad, o virtud alguna por la que merezcan el culto, o que se les deba pedir alguna cosa, o que se haya de poner la confianza en las imágenes, ...sino porque el honor que se da a las imágenes, se refiere a los originales representados en ellas; de suerte, que adoremos a Cristo por medio de las imágenes que besamos, y en cuya presencia nos descubrimos y arrodillamos; y veneremos a los santos, cuya semejanza tienen.


Enseñen con esmero los Obispos que por medio de las historias de nuestra redención, expresadas en pinturas y otras copias, se instruye y confirma el pueblo recordándole los artículos de la fe, y recapacitándole continuamente en ellos: además que se saca mucho fruto de todas las sagradas imágenes, no sólo porque recuerdan al pueblo los beneficios y dones que Cristo les ha concedido, sino también porque se exponen a los ojos de los fieles los saludables ejemplos de los santos, y los milagros que Dios ha obrado por ellos, con el fin de que den gracias a Dios por ellos, y arreglen su vida y costumbres a los ejemplos de los mismos santos; así como para que se exciten a adorar, y amar a Dios, y practicar la piedad."

Concilio de Trento. Sesión XXV. 4-12-1563
La invocación, veneración y reliquias de los santos, y de las sagradas imágenes

Vera Cruz

Sevilla es una ciudad en la que desde muy antiguo el valor estético de sus fiestas religiosas fue cantado por propios y extraños. La fama de la Pasión, según Sevilla, corría ya por el extranjero en el siglo XVI. Gran parte de las cofradías actuales se crearon en este siglo. Siendo una exuberante muestra de la religiosidad popular de la época, no podemos sino dar algunas pinceladas que nos acerquen al sentir de la gente.

En este tiempo, estamos asistiendo a un cambio de mentalidad en las cofradías, al origen de la cofradía de penitencia, la que hace estación en los días de Semana Santa, que aparece a finales del siglo XV y sobre todo en el XVI, cuando puede que aparezcan los disciplinantes. Las cofradías ya existían en los siglos XIII al XV, pero de este pasado, no conservan más que el nombre, pues la cofradía pasará a ser otra completamente distinta.

En la Edad Media, sólo se sacaban en procesión las reliquias, las imágenes lo hacen en el XVI, si bien es cierto, que en Sevilla existen procesiones en las que un Crucifijo es portado en mano. Así pudo ocurrir en la cofradía de la Vera Cruz, del convento de San Francisco, desde 1468 y en la del Santo Crucifijo, del convento de San Agustín, allí colocado en 1314.

Precisamente, estas dos son las cofradías más antiguas de Sevilla, (1) según afirma Sigüenza en su "Traslación de la Imagen de Nuestra Señora de los Reyes", del año 1579. Se puede afirmar que la primera cofradía es la de la Vera Cruz, que da culto a la reliquia de la Verdadera Cruz, reliquia que pudieron traer los franciscanos, fundadores de la cofradía. Carrero afirma que se fundó en 1380, pero el primer dato cierto es de 1448, año que presenta unas reglas que se aprobarán en 1501. Junto a estas, existieron otras pero de carácter gremial, que agrupaban a personas dedicadas a un mismo oficio y que solían tener por titular al santo patrono de su actividad.

El número de hermandades y cofradías de penitencia, de sangre, de luz y vela y de gloria, era crecidísimo en este siglo XVI. Doce mil cofrades de penitencia dice Sigüenza (op.cit. más arriba) que había en su tiempo, 1579; cifra que no llama la atención si se recuerda la de los fieles que asistieron a uno de los jubileos, que ascendió, según Mal-Lara a cuarenta mil hombres y noventa mil mujeres, cifras muy generosas y posiblemente calculadas a ojos vista, pero en cualquier caso, eran muchos.

Punto de inicio del Vía Crucis a la Cruz del Campo

Por otra parte, hay que tener en cuenta el Vía Crucis a la Cruz del Campo, considerado el comienzo de nuestra Semana Santa, lo instituye en 1521 don Fadrique Enríquez de Ribera, primer marqués de Tarifa, a su regreso de un viaje por Tierra Santa. Según una antigua tradición, el via crucis de las "doce estaciones" era el que había seguido a diario la Virgen para recordar el tormento de su hijo. La procesión salía del palacio los siete viernes que componen la cuaresma, rezando los integrantes de la procesión -penitentes y flagelantes con capuchas o nazarenos- tantos credos o padrenuestros como pasos dio Cristo en su pasión. La primera estación se situó en su palacio, que desde entonces sería conocido popularmente como "Casa de Pilatos", dado que fue en el pretorio romano de Jerusalén donde comenzó el camino de Jesús hacia el Gólgota; finalizaba en la Cruz del Campo, en el cual existía además una ermita dedicada a la Virgen de la Soledad, que estaba a cargo de los negros de Sevilla, muy numerosos en este siglo. Diego de Merlo había construido el humilladero en 1482; la cruz actual del templete fue realizada por Juan Bautista Vázquez «el Viejo» en 1571. Este Vía Crucis supuso un hito en la historia de las hermandades de la ciudad, al establecer, por primera vez, un espacio marcado para el desarrollo de la penitencia pública.

Por otra parte, el Concilio de Trento, que se celebró entre 1545 y 1563, recomienda la estación pública, exponiendo la necesidad y ventajas que se derivan del culto a las imágenes, verdadera efigie de Jesús y de su madre y piensa que estas imágenes deben salir a la calle para que el que por su voluntad no entra en la iglesia, al encontrarse con ellas en la calle piense en el momento de la Pasión de Nuestro Señor que esta imagen representa. Su legislación de desarrollo intentó controlar la representación de la Pasión a través de una reglamentación que la jerarquía debía sancionar. Se intentó asegurar este control mediante disposiciones relativas al decoro de imágenes y cortejo, sirviéndose para ello de penas que incluian la excomunión.

La celebración de la Pasión se iniciaba con la la ceremonia de las Señas, en que se tremolaba el estandarte de la cruz en el altar mayor por parte del Chantre. El Domingo de Ramos se organizaba desde la catedral una procesión, en que participaban todas las cruces de las parroquias y que discurría alrededor del templo catedralicio. La ruptura del velo, el miércoles, era la indicación para que las cofradías comenzaran a salir de sus templos, a recorrer la estación de penitencia.

La Cruz del Campo

La estación penitencial se realizaba desde el templo donde se residía a varias iglesias o conventos de la collación. Así, por ejemplo, la Vera-Cruz realizaba cinco estaciones, al Convento de San Francisco, a la Catedral, al Salvador, a Santa María Magdalena y al Convento de San Pablo. La Trinidad visitaba seis casas de "Nuestra Señora (...), Nuestra Señora de la Yniestra e la Encarnación y el Socorro de Santa María de las Dueñas, San Salvador, Yglesia Mayor [y] Sancta Maria del Valle."

Los recorridos de cada una no estaban sujetos a orden alguno, lo cual les hacía muy anárquicos. No es hasta el sínodo de 1604 cuando el Cardenal don Fernando Niño de Guevara, ordena que las cofradías hagan estación a la Catedral; para una mayor vigilancia se obligó a que todas las de Sevilla pasaran por la Catedral y las de Triana por la Parroquia de Santa Ana. Así nace la actualmente denominada "carrera oficial", que contribuyó decisivamente no solo a reglamentar las procesiones, sino a institucionalizar la fiesta y la devoción popular. De esa manera, las cofradías sevillanas se dividieron en penitenciales o de luz. Las primeras podían ser, además, de sangre o de disciplina y pretendían promover el culto y la contemplación de la pasión de Cristo.

Como curiosidad, podemos citar algunas de las hermandades que existían a primeros del siglo XVI, cuando se funda la Universidad de Sevilla, muchas de las cuales han llegado hasta nuestros días:

  • "El Silencio", probablemente fundada en 1340.
  • La Hiniesta, refundada en 1879, tras dos siglos sin vida, procede de otra hermandad que en el siglo XV ya existía.
  • "Los Negritos". El Hospital de Nuestra Señora de los Reyes, fundado por el arzobispo don Gonzalo de Mena y Roelas en 1393, es el origen de esta cofradía. (ver Cofradías de negros en Sevilla)
  • Vera Cruz, refundada en 1942, procede de otra hermandad de la que ya hemos tratado anteriormente.
  • Gran Poder, fundada en 1431, aunque sus primeras reglas son de 1587.
  • El Valle, formada por la fusión de dos hermandades, la más antigua de ellas, la de la Santa Faz, se fundó en 1450.
  • Esperanza de Triana, parece que fue fundada en 1481.
  • San Benito, reorganizada en 1921, viene de otra hermandad que poseia un Hospital a principios del siglo XVI en Triana.
  • Cristo de Burgos, aunque sus reglas son de 1943, su fundación viene de 1888, cuando los cofrades de la hermandad del Buen Fin, se trasladan a San Pedro, por problemas con la comunidad franciscana, y al no poder llevarse las imágenes, toman otras de una hermandad extinguida, que ya existía en el siglo XVI, conocida como "la de los estudiantes".
  • Montesión, parece proceder de un grupo de disciplinantes, reunidos en torno a un Crucificado, en el siglo XIV, que se establecen a finales del XV en el monasterio de Santa Paula, donde actualmente se encuentra dicho Crucificado, bajo el nombre del Coral.
  • Quinta Angustia, formada en 1500 en el convento del Carmen, sus primeras reglas son de 1541.
  • Hermandad y Cofradía del Santo Crucifijo y Nuestra Señora de Gracia, del convento de San Agustín; ya hemos tratado de su antigüedad, pero hay que señalar, que esta hermandad desapareció a finales del siglo XIX y su Cristo se perdió en el incendio de 1936, pero se hizo una reproducción y en la actualidad, es titular de la hermandad de San Roque.
  • Hermandad del Santísimo Cristo de la Sangre, San Juan Bautista y María Santísima de la Candelaria; cofradía fundada en 1480 en el Hospital de San Antonio, en la collación de Omnium Sanctorum, y que desapareció en el siglo XVIII.




Entre 1530 y 1550 se crearon muchas más; algunas de ellas existían antes del XVI, aunque con otros objetivos y se convirtieron en hermandades de penitencia en este siglo. Arriesgandome a indicar fechas en ocasiones controvertidas, cabe citar a las hermandades de Pasión (1531) fundada en 1531 en el que fue Convento de la Merced (hoy Museo de Bellas Artes); la del Sagrado Decreto en la iglesia de la Trinidad (1535); Cristo de la Veracruz en el convento de San Francisco; Ntra. Sra. de la Coronación (1540). En 1542 se fusionan la hermandad de Ntra. Sra. de la Esperanza fundada por los ceramistas trianeros (1481) con la de San Juan Evangelista, obra del gremio de pescadores. A mediados de siglo surgen la del Dulce Nombre de Jesús (1550) en el Convento de San Pablo; Nuestra Sra. de la Luz (1550) en San Andrés; la Sagrada Cena en Omnium Sanctorum y Ntra. Sra. de la Soledad y Ntra. Sra. de la Encarnación (1558) que, situada en el Convento del Valle, cambiará de nombre y se unirá (1590) a la de la Coronación, establecida en San Martín. En 1582 el alfarero genovés Tomás Pesaro solicitó formar la cofradía del Santo Entierro, y a finales del siglo XVI los mercaderes catalanes se unieron para fundar la cofradía del Santísimo Cristo de la Conversión del Buen Ladrón y María Santísima de Montserrat. Ya en las postrimerías del siglo (1595) se funda en la iglesia de San Basilio, del barrio de la Feria, la "Cofradía de Nuestra Señora de la Esperanza", hoy conocida como la Macarena.

La mayor parte de las cofradías se erigen como tales y principian a realizar la estación de penitencia en la segunda parte del siglo. Certeras son las palabras del profesor Sánchez Herrero cuando dice:

"Nunca más como en el siglo XVI se volverán a fundar cofradías en torno al Crucificado, su Sangre, los Misterios de su Pasión y Muerte. El siglo XVI es el siglo de la fundación de las cofradías en torno a la Pasión y Muerte de Cristo, de manera que los siglos siguientes vivirán para mantener aquella gran explosión de cofradías cristíferas, cuya vida se prolongará por la influencia de diferentes motivos intrínsecos y extrínsecos a la misma religiosidad cristiana."

Todas las clases sociales, en sus diversos oficios, participaban o integraban las hermandades de penitencia: los Veinticuatro y Jurados salían con el Cristo de San Agustín o del Santo Crucifijo; los magistrados y letrados en nuestro Padre Jesús de la Pasión; los nobles en Nuestra Señora de la Concepción, la de Regina y la de la Antigüa; los comerciantes en la Veracruz; los negros en el Cristo de la Fundación; los estudiantes en las Negaciones y Lágrimas de San Pedro; los mulatos con el Ecce Homo de San Ildefonso; los medidores de la Alhóndiga en la Entrada en Jerusalén; con el Cristo de la Expiración iban los plateros; los toneleros, en Ntra. Señora de la Luz; los alfareros y marineros acompañaban a la Virgen de la Estrella; los panaderos se agrupaban en torno al Prendimiento, etc...

Muchas de las hermandades tenían hospitales que, sumados a los de los gremios y a los de fundación particular, constituían un número elevadísimo; dice Morgado en su "Historia de Sevilla" que, en su tiempo, año de 1586, pasaban de cien. Esta proliferación hospitalaria adolecía de graves defectos e inconvenientes, haciendo muchas veces ineficaz su fin, pues por lo general, muchos de estos establecimientos dotados escasamente en su fundación y con pocas rentas, apenas si podían sostenerse. Ortiz de Zúñiga, en sus "Anales", refiere muy al por menor la reducción de esos hospitales a dos: Hospital del Espíritu Santo y Hospital del Amor de Dios, llevada a efecto, con autorización real, por el Cardenal don Rodrigo de Castro en el año de 1587.

Para explicar la proliferación espectacular de hermandades de penitencia en este siglo XVI no podemos olvidar el fundamental papel que desempeñaron los sermones y los predicadores; el sermón fue el instrumento que utilizaron tantos los reformistas luteranos como los contrarreformistas católicos para difundir sus ideas. Entre los predicadores de la época en Sevilla debemos citar al beato Juan de Avila y Fernando de Contreras, ambos grandes devotos y defensores de la Eucaristía. Sin embargo, en el fondo de la cuestión podía estar la necesidad de expiar los propios pecados, a los que se les imputaba las calamidades naturales (huracanes, peste, sequías...) en la mentalidad de la época. Tampoco podemos olvidar que el protestantismo campeante de la época había discutido el valor de las imágenes sagradas.

La Cofradía de la Cárcel Real

No todo fueron procesiones públicas. Una peculiar cofradía de penitencia aparece a fines de siglo en la Cárcel pública de Sevilla, cuya existencia no es muy considerada por los cronistas oficiales de la Semana Santa, quizás por el reducido entorno en que se desenvolvía. Fue creada por el Padre León, un jesuita que ejercía su ministerio pastoral entre los presos. Empezó como una hermandad anti-blasfemia y terminó como cofradía de penitentes. La procesión desfilaba el Viernes Santo por el interior de la cárcel, con disciplinantes e insignias, como cualquier otra cofradía sevillana; contaba incluso con una pequeña "bolsa de caridad" con la que se libraban algunos presos por deudas. Pero dejemos que nos lo cuente el propio Pedro de León en su "Compendio...":

"Procuré con muchas veras estirpar el abuso notable que había en las cárceles de jurar y blasfemar, predicándoles de los males y daños que han venido al mundo por este vicio. Y para más obligarlos, hice una cofradía o congregación del nombre de Jesús contra los juramentos, en la cual se asentaron todos los que actualmente estaban presos entonces, y se iban asentando los que de nuevo entraban y estaban algún tiempo presos; y se avisaban unos a otros cuando se oían jurar, que era una de las reglas de la cofradía, y aprovechaba mucho este cuidado, e hiciéronse algunos años las fiestas con mucha música y muchos señores de los oidores y alcaldes, que se hallaban en ellas; y alguna vez el señor Regente y el Asistente y los treinta de la Congregación (2) que después se instituyó y a la Misa comulgaron estos caballeros y algunos de los presos, cosa que causaba mucha devoción, predicándoles a las Misa algunos de los Nuestros.

Y llegó a tanto su devoción que no se contentaron los presos con que fuese esta cofradía para estorbar pecados, no jurando, sino para hacer penitencia de lo que habían jurado, y el Viernes Santo hacían por dentro de la cárcel su procesión de azotes y sus insignias, como si fuera por las calles y con mucha sangre, y azotábanse con tal denuedo que hasta caían por ahí desmayados. No había quien les quitase las diciplinas de las manos y era tan de ver la procesión, que venían gentes de fuera de la cárcel a verla, y decían que no había ninguna tan devota con sus pasos de la pasión y su estandarte y sus bocinas y muy gran número de disciplinantes, todos presos, y con muy grande concierto, y a la verdad como era dentro de la cárcel parecía que tenía un no sé qué de correspondencia con los azotes, que le habían dado a Nuestro Señor Jesús en la cárcel y prisión.

De lo que sobraba de la cera y del gasto para la fiesta se sacaban presos de deudas o de los que estaban por algunas costas; y todos estos gastos eran de las penas que se les llevaban a los que juraban, y de lo que dentro de la misma cárcel se juntaba de limosna que pedían así los que venían a ver los presos, como de lo que se les pedía a ellos mismos".



Escrito por Alberto Pozo Ruiz




Notas:

(1) Hay que tener en cuenta que, como decía González de León en 1852, "Quizá no hay nada más obscuro en la historia de Sevilla, después de la conquista, que la fundación de las Hermandades, llamadas Cofradías de Semana Santa, de Penitencia, Sangre y Luz".

(2) La Congregación a la que se refiere es la de Nuestra Señora de la Visitación, fundada por el Padre León y don Andrés Fernández de Córdoba, Obispo de Badajoz en 1600. Estaba integrada por "treinta personas principales" que se preocupaban de las causas de los presos indefensos. Juan de Santibáñez, Martin de Roa y Antonio de Solís reconocen al Padre León como fundador de esta institución, a excepción de Alonso Morgado, que aunque la presenta, y reproduce sus Constituciones, hace sobre el Padre León un riguroso silencio. La justificación de esta asociación viene dada "porque como la Virgen María Señora Nuestra fue a visitar a Santa Isabel y a San Juan, estando en la cárcel del seno de las entrañas de su madre, y fue lleno del Espíritu Santo, así a su modo los de esta Congregación visiten a los presos y los llenen de consuelo". Tenía su sede en la Casa Profesa de los jesuitas en Sevilla. No duró muchos años pues no le gustó al Padre General Claudio Aquaviva, ya que "de regla no había confesiones ni comuniones, sino cuando mucho una plática cada mes", por lo que ordenó que no estuviera en la Casa provincial. Se allí pasó al Hospital de las Vírgenes (Santas Justa y Rufina), donde se fue extinguiendo paulatinamente.

Bibliografía

  • Sánchez Herrero, José. Las cofradías de Sevilla, historia, antropología, arte. Universidad y Ayuntamiento de Sevilla. Sevilla, 1985.
  • González Moreno, Joaquín. Vía Crucis a la Cruz del Campo. Editorial Castillejo. Sevilla, 1992.
  • Carrero Rodríguez, Juan. Anales de la cofradías sevillanas. Hermandad de las Penas. Sevilla, 1984.
  • Gómez Lara,Manuel J./Jiménez Barrientos, Jorge. Guía de la Semana Santa en Sevilla. Ayuntamiento de Sevilla, 1992
  • Ortiz de Zúñiga, Diego; "Anales eclesiásticos y seculares de la muy noble y muy leal ciudad de Sevilla..."; Madrid, 1677
  • "Grandeza y miseria en Andalucia. Testimonio de una encrucijada histórica 1578-1616", Pedro de León, 1616 /Edición, introducción y notas de Pedro Herra Puga / Granada 1981. Contiene íntegro el "Compendio de algunas experiencias..." del Padre León. La Cofradía se describe en el Cap. 2, pags. 202-203
  • González de León, Félix: "Historia crítica y descriptiva de las cofradías de penitencia, sangre y luz, fundadas en la ciudad de Sevilla, con noticias del origen, progresos y estado actual de cada una, y otros sucesos y curiosidades notables" (1852); ed. facsímil de Ediciones Giralda, S.L.; Sevilla, 1994


Webs

  • "La evolución de las Hermandades y Cofradías de Sevilla desde sus momentos fundacionales a nuestros días" / José Sánchez Herrero, Catedrático de Historia Medieval. Universidad de Sevilla











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