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martes, 18 de noviembre de 2014

Enfoque: ¿Por qué no habrá Carrera Oficial en la Catedral?


Blas Jesús Muñoz. Ya la hubo a principios de los años ´60 del pasado siglo por el Patio de los Naranjos y no cuajó. Después, desde el último cuarto de siglo algunas primero, y muchas que se subieron al carro después, han sido las voces que han reclamado la Carrera Oficial en la Catedral. Me consta -alguno lo viví en primera persona- que hubo esfuerzos bastante notables para que este hecho se produjera y, a la vista está que no se produjo.

No haré un augurio y si lo hiciera, esperaría con todas mis fuerzas equivocarme, pero no habrá carrera oficial, en mucho tiempo, en la Catedral y, si la hubiera -ojalá-, se deberá a algún extraño o forzado giro de los acontecimientos.



Y si no la ha habido hasta hoy se debe a diversos factores:

El primero de ellos es, tal vez, el más lacerante. Históricamente ha habido hermandades que no lo han contemplado por motivaciones de índole diversa y que, algún día, deberían explicar, aunque créanme que no lo harán. Como tampoco reconocerán quienes lo hicieron por moda o porque quedaba bien en el programa electoral de alguna candidatura.

El segundo (a partir de aquí la numeración no va en orden de importancia) es la incapacidad manifiesta y sistemática de algunos de nuestros regentes políticos. En ellos, está y ha estado parte de la solución al problema, si bien nunca parece que hayan movido un músculo por aportar soluciones a un asunto que -por infraestructura arquitectónica- bien que les compete.



El tercero se centra en que las decisiones adoptadas no parecen ir en consonancia con el orden lógico de las mismas. Dos ejemplos: ¿De qué sirve convocar a los hermanos mayores para preguntarles si quieren hacer estación de penitencia en la Catedral? Al fin y al cabo, sin más información que esa pregunta, hasta para el que no se lo plantee será fácil decir que sí y quedar bien, pues no hay más compromiso que responder a una pregunta. Si llegas con propuestas elaboradas y estudiadas el cariz cambiaría de color notablemente. 

El otro ejemplo está en el espectáculo con que, a veces, tienen a bien entretenernos los cofrades. Hasta el año pasado, dos hermandades que acudían al primer templo de la diócesis de forma consecutiva acercaban sus cortejos de forma rocambolesca. Mientras una entraba por la Puerta del Perdón, la otra venía desde Santa Catalina en dirección a la primera, formando un círculo difícilmente explicable, a tenor de el templo es rodeable por su otro extremo. Sería bueno preguntar por los motivos a los antiguos dirigentes de aquella cofradía que no quería rodear el templo y a los actuales de la otra el por qué del cambio horario. Seguramente, en ambos casos no querrían responder, aunque siempre tendrán esta humilde tribuna abierta.

El cuarto es la incapacidad manifiesta de esta ciudad para los proyectos de altura (Palacio del Sur, Ciudad de la Justicia, Centro de Visitantes...). Es más sencillo quejarse, soñar con lo imposible que sentarse en una mesa y ponerse a trabajar decididamente y con generosidad.




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