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sábado, 8 de noviembre de 2014

Enfoque: Viaje a la Catedral sin billete de ida


Blas Jesús Muñoz. Nadie que se montara en un tren lo haría solamente con el billete de vuelta. Sin ida, sin destino, cualquiera entendería que el viaje sería estéril. Desde principios de la década de los noventa, Córdoba y sus cofradías se hallan embarcados en un viaje del que se conoce el camino de retorno, mas parece que desconocemos el lugar exacto de la ventanilla donde se expiden los billetes de ida. No hay un punto de atención al cliente donde te informen sobre cómo llegar al primer templo de la ciudad, cortejo y pasos incluidos. Si se tratara de ciudadanos japoneses, parece más sencillo y eso que viajan en tropel. 

Ha habido probaturas. La última en 2013. Y aunque todas entraron y salieron, también quedó diáfano como una mañana de verano que había que ajustar horarios, organización y medidas de seguridad. Todo un handicap para unos dirigentes que asemejan estar más preocupados de lo superfluo que de lo verdaderamente sustantivo.  No obstante, las hermandades de algún que otra día de Semana Santa, ya han dado muestras de que sí se puede (y no me refiero al eslogan de algún partido político en ciernes). Y algunas cofradías, individualmente, lo llevan demostrando décadas.

La raíz del problema es profunda y tiene muy variadas ramificaciones: institucionales, volitivas, intereses contrapuestos. Los diversos actores saben a qué me refiero y ellos serán los que, tal vez algún día, se vean en la obligación de explicar por qué en otros sitios es algo natural e incuestionable y, aquí, parezca que ir en procesión con un tramo de recorrido común a la antigua basílica de San Vicente sea poco menos que edificar el Escorial sin el amparo de Felipe II. Nuestras corporaciones, por la parte que les toca, habrán de dar un paso al frente. Y algún narrador que otro deberá definir mejor en qué consiste un paso cordobés, si partimos de la base de que el que no entra por el Arco de las Bendiciones, no lo es.

De momento, puede que haya alguien que el orden del día del pleno de penitencia le haya sentado como un jarro de agua fría, si tenía esperanzas fundadas en que se abordase el asunto. Pero no desesperen. Puede que se incluya como ruego, pregunta o se celebre otro pleno monográfico en el que se presenten informes, proyecto, itinerarios y soluciones. Y, en 2015, todos nos compremos una sillita en el Patio de los Naranjos (pagar por realizar un acto de fe, qué curioso). Cualquiera diría que mejor reposar, si llegara el beneplácito de quienes tienen que darlo, y tomar las medidas, mínimo a un año vista. Pero hay elecciones e intereses en el sustrato y eso suele pesar. Además no hay fecha. Puede ser cualquiera o no llegar siquiera. Pero, si llegara o llegase, y hubiera o hubiese  informes, proyecto, itinerarios y soluciones... Todo sería perfecto. Aunque observando el nivel de quienes deben acometer tal empresa creo que este enfoque es más onírico que real.





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