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viernes, 31 de enero de 2014

Verde Esperanza: Basta de demagogia barata con la caridad

Bien es cierto que todas y cada una de las Hermandades tienen una obligación inamovible con la sociedad, más aún siendo una parte tan importante de la Iglesia como lo son hoy día. Ese aspecto no lo discuto ni lo discutiré jamás: es obligatorio que toda Hermandad trabaje en pro de las personas desfavorecidas colaborando con asociaciones como Cáritas o directamente solucionando las necesidades acuciantes que, desgraciadamente, cada vez sufren más estratos sociales. Jesús siempre decía que los preferidos de Dios son los desfavorecidos, los pequeños. Mucho se viene hablando en este blog y en otros foros sobre lo que deben o no deben donar las corporaciones a la caridad. Hoy me planteo desmontar la demagogia barata que siempre rodea este tema.

Las Hermandades estamos bajo sospecha continuamente. ¿Quién no habrá oído alguna vez eso tan manido de: tanto dorado en los pasos y la gente pasando hambre…? Eso, además de ser demagogia barata, es ignorancia pura. Simplemente hay que pararse a pensar. Imaginemos el 100% del presupuesto de una Hermandad. Como dije al principio, una parte considerable de esa totalidad ha de ir sí o sí destinada a fines caritativos. ¿Y lo restante? Va a parar a tallas, bordados, orfebrería, dorados, acompañamientos musicales, estandartes, hábitos nazarenos, restauraciones, imaginería… O si no, a reinvertir en proyectos para poder acometer todo lo anterior. Estoy seguro de que todos sabemos en qué se gastan dinero las Cofradías.


¿Se ha parado usted alguna vez a pensar en que las Hermandades estamos creando empleo? Sí, sí, creamos empleo. ¿De qué vivirían si no quienes se dedican a la vieja profesión de la artesanía? Si de repente destinamos todo el dinero a caridad, cosa que parece que –los demagogos ignorantes- nos exigen desde fuera, ¿de qué vivirán todas estas personas? Más gente que necesitaría de nuestra caridad por haber destruido nosotros mismos sus puestos de trabajo. Incluso estaríamos mermando nuestra propia cultura y castigando a quien realice creaciones artísticas, que, de por sí, son beneficiosas. Mucha gente que no es creyente se siente atraída por esas obras de arte que pueden verse por las calles o en los templos. ¿Los espantamos?

No se puede hablar con esa ligereza sobre el patrimonio de las Hermandades. La parte cultural y artística de la Semana Santa es innegable. Contemplamos verdaderos retablos andantes de la Pasión de Cristo. Obras de arte que caminan por nuestras calles para hacer lo más atractivo posible a Jesús y su bendita Madre al pueblo. De verdad que no creo que la solución sea destinar más y más a la caridad, descuidando a artesanos, músicos, artistas al fin y al cabo, que ya comienzan a deseárselas para cubrir sus necesidades. Si mi amigo y compañero cartujosereno proponía en su artículo “Mejor Caridad con Amor” como solución el enseñar a pescar yo propugno el no esquilmarle los caladeros a los pocos que ya saben.

Es necesario reflexionar sobre esta demagogia barata que cree hacernos daño. Es muy sencillo quitarle la razón y desmontar los argumentos de quien critica que un crucificado lleve potencias de oro y una túnica bordada. Dirán: “Pero si Jesús era pobre, ¿de dónde se han sacado eso de que fuera con tanto lujo?” Pues mire, no creo que Él esté disgustado porque gente se alimente a costa de engrandecer su propio Nombre, el de Dios y el de María. Además, dice el Papa Francisco que “La Iglesia no crece por proselitismo sino por atracción”. Es decir, no sumamos convenciendo sino atrayendo. Piensen si en la Iglesia (hablemos de España) a día de hoy hay algo más atractivo para el pueblo que la Semana Santa. Con estas manifestaciones públicas de fe hacemos que muchas personas, muchos jóvenes especialmente, se vean atraídos por la Iglesia. A ello por supuesto hay que unirle la atracción con el ejemplo propio. Tenemos que ser y parecer buenos cristianos para que así la sociedad se vea atraída por la Iglesia.

Que la sociedad deje de mirar con recelo y azotar a las Cofradías con demagogias ignorantes. Raro -digo raro por prudencia, puesto que no conozco ningún caso- es el episodio en el que una Hermandad malverse sus fondos. Todo, todo el dinero que ellas mueven va a parar a manos de gente que lo necesita. Llámense gente que acude a caridad, artesanos, músicos… Y, de paso, enriquecemos nuestro patrimonio cultural y artístico. Los demagogos harían bien en bucear en otras instituciones a ver cuándo dinero se escapa por ahí y dónde va a parar.

José Barea










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