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martes, 29 de julio de 2014

La Voz de la Inexperiencia: Demagogia y mezquindad. Los nuevos Judas


Hace algo más de un año mi vida cambió. La concepción que tenía del mundo desde pequeña dio un giro brutal. Tuve que aprender a vivir dos vidas paralelas, a estar pendiente de dos personas que antes estaban fundidas en una, a no descuidar a nadie y procurar no descuidarme, a tantas cosas que después de un año, quizá aún, a día de hoy, no he terminado de superar los devaneos continuos de las circunstancias.


Y es que nos acostumbramos a tener una familia, nos creemos que va a ser eterna, pensamos que nos merecemos que como padres nos aguanten y nos den todo, hasta que maduras y entiendes que el amor no lo es todo, que en la vida confluyen muchas cosas más. Y así, se te van cayendo los pilares que sustentan tu vida. Y así, te ves envuelto en ruinas. Puedes ahogarte entre escombros o buscar hasta encontrar todo aquello que te importa, y aunque por separado, seguir disfrutando de tales cosas.

Y ahora bien, cofrades de postín, semana santeros de matrícula, escúchenme, léanme. Algo así sentirán vuestros titulares, cuando después de todo un invierno y primavera, forjando una fe incondicional, llegan ustedes y entre vacaciones, terrazas y cervezas se olvidan de pasar por su capilla, se olvidan de que la foto de su Virgen ocupa el fondo de pantalla de su móvil, por inercia. Se olvidan entonces de tantos golpes de pecho, de alguna tertulia y mucho sufrimiento, se olvidan de tantas veces como han publicado "hoy de limpieza en la hermandad" y tantas otras cosas.

Quizá habría que publicar también "hoy me he tostado al sol mientras mis hijos jugaban en la orilla, pero no he reparado en dar las gracias por semejante estampa". Quizá, ¿no?

Quizá habría que mandar un mensaje a ese compañero de trabajadera, a ese con el que cierras todas las noches de ensayos, y del que ahora -casi- no te acuerdas. Quizá, ¿no?

Y continúo, cuántos miembros de los grupos jóvenes se olvidan de que pertenecen a un grupo de amigos, que trabajan juntos por una hermandad, por unos titulares. Cuántos no se cambian de grupo por la necia actividad de sus hermandades, por un poco de protagonismo y una vara asegurada en las representaciones. Cuántos no ingresan en una cofradía y al día siguiente andan siendo más devotos que ninguno, que te lloran y que te dicen, que te juran por Ellos.

A todo esto les digo, a ustedes, futuros componentes y participantes en vuestra hermandad, que la fe no tiene medidor, no se empeñen en hacernos creer que creen más que nadie, no sirve. Además de que el llorarle a la salida de tu iglesia, no es más o menos devoto, me gustan más lo que piden en la capilla, los que sin ponerse de rodillas, sin mirar por el rabillo del ojo comprobando si son el centro de atención, le oran a su Padre, le piden a su Madre, soy de esas que no pregona las lágrimas derramadas ante Ellos. Acabáramos cuando te juran por sus titulares, y yo ya me quedo noqueada. Como si esto fuera un juego de niños, como si para sacarte la verdad, tu madre te chantajeara quitándote tu muñeco preferido.

¿En qué nos estamos convirtiendo? No me creo a la mitad de cofrades, hacen gala del entorno de Jesús, sí, son Judas. Pero ya las monedas no interesan, ahora que te asocien con una hermandad puntera es lo que se lleva, la cristiandad supeditada al interés mezquino del hombre.

Si alguna vez, a alguno de ustedes "se le ha caído un mito", comprenderán qué sienten vuestros titulares en sus capillas mientras pasa el verano. Egoísmo e interés maquillado con lágrimas demagogas.

Ahí queó.
María Giraldo Cecilia









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