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jueves, 19 de noviembre de 2015

Verde Esperanza: El valor del silencio


Decía el escritor británico Aldous Huxley que “después del silencio, lo que más se acerca a expresar lo inexpresable es la música”. Resulta una frase muy elocuente que viene a perfilar el tema del que quiero hablarles hoy. Como sabrán, y tal y como se recoge en este blog, hace escasas fechas la Soledad de San Lorenzo de Sevilla ha rechazado, mediante Cabildo de hermanos, la incorporación de acompañamiento musical en forma de banda de música para la dolorosa que cierra, oficiosamente, la Semana Santa sevillana.

Si usted me sigue con asiduidad, sabrá que precisamente yo no soy dudoso de criticar a la Sevilla cofrade cuando lo merece, pero de igual manera alabo lo que es digno de reconocimiento. Y la decisión de mantener en silencio a la Soledad es, fuera de cualquier duda, un acierto. El tema del tratamiento del silencio en general cuando hay pasos en la calle es especialmente digno de elogio en Sevilla, quizá uno de los pocos sitios donde se respeta el paso de una Cofradía de negro por las calles, y de igual manera, se permite escuchar las marchas procesionales guardando un silencio relativo durante su interpretación. Recuerdo en una entrevista al director de la prestigiosa Banda de Tejera de hace unos años, donde afirmaba que cualquier paso de Virgen –y no solo de palio, en un claro guiño hacia pasos como el de la Soledad- de Sevilla podía ir acompañado de una banda de música, que la adecuación o no a la dolorosa radicaba en el repertorio que se interpretara tras la misma. No puedo discrepar más respecto a esta afirmación, aunque resulte escandaloso llevarle la contraria al director de Tejera.

Precisamente un músico debería saber de la importancia de los silencios a la hora de interpretar música, y es que cualquier marcha, cualquier canción, pierde sentido y ritmo si no hay silencio entre las notas. Y lo dice uno que, honradamente, se confiesa ignorante en el terreno de la música. ¿Se imaginan una pieza musical, la que sea, en la que todos los instrumentos estén tocando a la vez durante todo el desarrollo de la misma? Sería una locura, en efecto. Del mismo modo, y un ejemplo mucho más cercano, ¿puede usted concebir una Semana Santa en la que ningún paso, ya sea de misterio o de palio, camine en silencio? Yo particularmente no, no me imagino que no haya ninguna cuadrilla llene de sonido una calle con el rachear costalero, o el estruendo seco del choque de los rosarios contra el metal plateado del varal. Más allá de la lírica que encierra el silencio de una Hermandad de las de negro, sinceramente considero que, de omitir la parte callada de la Semana Santa, estaríamos degradando su valor. Se perdería un activo vital, aquel que obliga al público a estar sereno, a observar con toda la atención posible lo que camina delante de sus propios ojos, sin estar distraído para silbar la melodía de la marcha de turno o expectante ante el cambio de ritmo de la cuadrilla. Se perdería la oración y los encuentros íntimos con la divinidad. Siguiendo la frase de Huxley, la Semana Santa como medio de expresión y de evangelización estaría quedándose sin algo que decirle al espectador. No es que la música no sea buena comunicadora de sentimientos, sería una locura afirmar algo así, puesto que todo el mundo adora escucharla por ese mismo motivo. Se trata de no homogeneizar las Cofradías y que cada una de ellas, desde su idiosincrasia particular, desde el silencio hasta las cornetas, desde el bullicio de barrio hasta el recogimiento de negro, desde la algarabía de la Entrada Triunfal hasta la austeridad del Santo Entierro, relate la Pasión de Cristo a su modo y manera.

Como decía, aplaudo la decisión de la Soledad de mantenerse en silencio. Sí que he de confesar que me gustó la Merced –de la que, por cierto, soy un enamorado- con banda de música, pero no se puede pretender monopolizar a todas las dolorosas sevillanas con este tipo de acompañamiento musical. Y digo que es de aplaudir lo de la Soledad de San Lorenzo porque sé, y también de primera mano, cómo en muchos sitios pasos de misterio o de palio que históricamente han ido en silencio –o con trío de capilla, en su defecto-, dan un giro de 180º y ponen acompañamientos musicales que contrastan de forma obscena con la esencia de la Hermandad y la que debería ser su presencia en la calle. Ha pasado en Jerez, Sevilla, Huelva, Córdoba, donde quizá el cambio más brusco haya sido el de Angustias, incluso en mi ciudad, por qué no decirlo. Y, sinceramente, y aunque luego en la calle el resultado no sea del todo malo, creo que se está perdiendo esa riqueza comunicativa de la que hablaba en el anterior párrafo. Es peligroso sustituir las tradiciones por las modas, la obsesión por hacer cambios y cosas nuevas sin mirar la dilatada trayectoria que lleva tras de sí una Cofradía puede desembocar en la pérdida de la esencia de la misma.

Sería sustituir el silencio por el ruido, cuando no por el bullicio que, a veces, aleja de Dios y no permite que la parte espiritual de la Semana Santa, que debería primar sobre todo lo demás, tenga lugar con normalidad. No es que la música tras los pasos sea inadecuada, nada más lejos de la realidad, sino que prescindiendo del silencio, estaríamos perdiendo riqueza cultural. Hay quien dice, refiriéndose a los de Semana Santa, que la vida es una semana. Pues bien, de eliminar el componente del silencio de la misma, sería como si durante esa semana con sus ocho días todo lo que sucediera en nuestra vida estuviera plagado de música, pero también de ruido, de bullicio… Todos necesitamos momentos de silencio y reflexión interior, y la Semana Santa no es menos.












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